En diferentes oportunidades comentamos cómo está desvirtuado el rol del maestro y, peor aún, cómo permanentemente se lo desautoriza. Tal vez este artículo nos ayude a pensar sobre esta custión, que no sólo nos preocupa, sino que también nos impide disfrutar plenamente de nuestra vocación y de la tarea cotidiana.
Por Alejandro De Oto Gilotaux
Cuidar la autoridad del maestro es cuidar la educación de los hijos
Existe una correlación directa entre el aprendizaje y el vínculo que tienen alumnos y docentes, de manera tal que el niño cuyo maestro es avalado por los padres aprende más y mejor.
Cientos de años atrás, en la Edad Media, el teólogo judío Maimónides esbozó una valoración de quién es responsable de transmitir conocimientos: “Así como uno debe honrar y temer a su padre, también está obligado a honrar a su maestro, incluso más que al propio padre, porque si bien éste le ha traído al mundo, al enseñarle es el maestro quien lo introduce al mundo por venir”. El filósofo hace una correlación entre el trato paterno y el trato para con el maestro, clave para entender las relaciones especiales que se dan actualmente entre la familia y la escuela. Sólo una familia que pone límites será capaz de aceptar que un tercero se los ponga a su propio hijo, sólo una familia en la que se vive el respeto podrá aceptar el reclamo de respeto, sólo una familia que entiende que el niño debe obedecer podrá entender que un maestro exija obediencia. El maestro se puede equivocar, en cuyo caso, el padre debe plantear el error cometido sin necesidad de hacerlo frente al niño. Hay formas de expresar los desacuerdos sin que se vea afectada la autoridad del docente. Sería óptimo, inclusive, que el niño escuche comentarios positivos de sus docentes, que se resalten sus virtudes y se valore el trabajo que realizan. El costo de hablar mal de los maestros lo pagan los hijos, ya que al saber que los padres los menosprecian, ellos mismos los escuchan menos y cuestionan sus decisiones, hasta llegar a veces a perderles el respeto. Resulta difícil para un niño aprender de una maestra de la cual sus padres sostienen que “está loca” o con un maestro que según ellos “no sabe enseñar” o que aprobó la materia el año anterior por acción de la justicia.
Publicado en © www.economiaparatodos.com.ar
Alejandro De Oto Gilotaux es profesor de Filosofía y Ciencias de la Educación. También, es director de Primaria del Colegio Los Robles, sede centro.
1 de octubre de 2008
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